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Nacer a la Tierra, una gran aventura

Un relato de amor e ilusión

June, 2020

Era una maravillosa tarde allá en el cielo, las nubes se coloreaban de dorado y tonos rosas mezclados con purpura, aquel era un paisaje divino que regalaba a las almas un espacio para andar y compartir. Infinidad de seres habitaban aquel lugar de luz, sin tiempo ni espacio parecían ser todos iguales, sin duda estaban hechos de lo mismo, pero cada uno era único, inimitable, realmente original.

En medio de aquel grandioso cielo llamaba la atención encontrar a un pequeño querubín sentado al borde de una gran nube, desanimado miraba hacia la Tierra con gesto triste y desesperanzado.

– Mi ángel, ¿qué pasa en tu alma que no brilla como siempre lo hace? ¿Qué te ha quitado tu brillo tan peculiar? – preguntó con ternura su ángel de la guarda mientras se sentaba junto a él sobre aquella nube dorada.

Tengo miedo, pronto iré allá abajo, a la Tierra – dijo señalando con sus deditos regordetos – se que iré por poco tiempo, lo que aprenderé para mi alma lo haré rápido, estoy feliz de ir pero… tengo miedo – diciendo esto se abrazó con sus propias alas bajando la cabeza.

– ¿Y a qué tienes tanto miedo alma mía?

Suspirando respondió – Tengo miedo de hacer sufrir a mi madre, de causarle dolor a mi regreso, que no comprenda mi verdadera misión, que no me acepte como soy. Temo que no descubra que seré el milagro que tanto ha pedido para ella y mi familia, un gran motivo de alegría, que voy para que sepa que existo, como un aviso de que la esperaré en este lugar.

Su ángel guardián lo escuchó con atención y acariciando sus alas le dijo:

– Habrá momentos de dolor, es inevitable mi querubín, pero tu madre logrará entenderlo, aceptará que tu alma es libre y que aunque seas su hijo, no le perteneces, porque todos pertenecemos al amor divino. Aprenderá a soltarte porque el verdadero amor suelta, acepta, libera, entrega. Te amará tal y como eres, con estas alas, en este lugar, en esta libertad, en tu esencia real que es celestial y divina. ¡No hay nada que temer! Ella comprenderá que la única y verdadera realidad es la espiritual, la de la consciencia, esa que permanece y perdura en la eternidad.

Sin darse cuenta, el alma del pequeño querubín comenzaba a destellar brillos dorados cargados de emoción y entusiasmo, imaginaba a su madre completamente feliz, con una gran sonrisa aun después de su regreso al cielo.

¡Sí, sí! Si ella puede ser feliz conmigo en su vida entonces si quiero nacer a la Tierra, sentirme entre sus brazos, conocer su vientre, que me cante sobre el amor – mirando hacia abajo gritó emocionado – ¡ahí esta, su corazón es del color de mi alma! ¡Me está esperando!

Con una gran sonrisa, su ángel guardián contempló como su amado querubín desplegaba sus preciosas y luminosas alas listo para emprender su viaje a la Tierra, con un gesto de despedida le dijo:

– ¡Buen viaje mi querubín! Recuerda que irás como alumno de la vida terrenal pero también como maestro, cumple la misión que te fue encomendada allá abajo y confía en el corazón de tu madre, es el lugar sagrado donde sus almas se encontrarán una y otra vez.

Y abriendo sus alas entró en el cuerpo de su madre para la gran aventura de amor de su existencia.

Tu instructora:

Patricia Mora
Life Coach Espiritual, Tanatóloga y Escritora

Es un hecho que los padres que tenemos uno o más bebés en el cielo necesitamos apoyo y orientación de calidad. Tenemos derecho a un espacio donde aprender y sentirnos contenidos y apoyados ante un duelo poco reconocido y sumamente doloroso. Después de ver a mis tres bebés trascender es mi misión transmitir mi experiencia, conocimientos y aprendizajes a cada ser humano que desea tomar una dirección de crecimiento, llena de significado y propósito.

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