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Valeria y bebé Miguel Ignacio

Valeria y bebé Miguel Ignacio

¡Hola! Primero que nada encantada de poder compartir mi historia con personas que realmente puedan entender. 

Mi nombre es Valeria Estrada y soy de Venezuela. Mi historia empezó con la fabulosa noticia de que estaba embarazada y bueno, lo que más había deseado en mi vida ya que tengo un solo ovario (el otro me lo quitaron en una operación a los 12 años). Tenía que salir embarazada pronto por cuestiones de tiempo, yo feliz de que al fin sería madre junto con mi esposo. Todo fue bien hasta mitad del sexto mes dónde me dio una infección que terminó siendo candidiasis, lo cual hizo que a pesar de que tenía tratamiento se me rompiera una membrana por la cual boté todo el líquido. Esto me llevó a un parto de emergencia, el 17 de agosto de 2018 conocí a Miguel Ignacio mi príncipe. ️Gracias a Dios al momento todo salió bien, yo estaba feliz cuando vi a mi bebé pequeñito de 1.200kg pero sano. Estuvo casi un mes en incubadora por su condición de bebé prematuro, luego de sacarlo de la clínica al otro día me convulsionó y lo llevé de vuelta a emergencias.

Ahí empezó mi calvario. Después de salidas y entradas a la clínica porque mi bebé siempre presentaba algo me terminaron diciendo que tenía 2 hemorragias en el cerebro y un ACV del lado izquierdo. Luego de tanto luchar con el, visitas en la clínica, noches de desvelo esperando llamadas con malas noticias y compra de medicamentos, mi bebe murió en mis brazos a las 3:00 am del 31/10/2018. Horas después de mi cumpleaños que fue un día antes, luego de cantarle una canción de cuna que tenemos aquí en Venezuela que se llama la Palomita Blanca que habla de que vaya a ver a Papito Dios, ya no respiraba. Quedé en shock, lo llevé  a la clínica super rápido en la madrugada, pero yo como madre ya sabía que había muerto, mi esposo insistía. Luego de intentar revivirlo nos dieron la noticia de que no tenía ningún tipo de signos vitales, ese día nació Miguel Ignacio en el cielo.


Es un proceso muy duro. Lloré hasta más no poder, me eché la culpa a mi y a veces a mi esposo. El tiene una hija anterior y a ella también le afecto. Fue un año entero de llorar, de no querer hacer nada, de querer acabar con mi vida porque no le veía sentido, no soportaba ver mujeres, familiares o amigas embarazadas o con sus bebés y menos varones. Siempre estaba de mal humor y solo quería salir embarazada de nuevo. Tuve muchas pesadillas hasta que una amiga me dijo que vio en un blog algo de escribir una carta a tu bebé con todo lo que sentías y me llamó la atención, así lo hice un día que me quedé sola en casa y le escribí todo, luego la quemé que era lo que debía hacer y vi la partida de Miguel Ignacio como un viaje en el cual cada vez que yo lloraba era un impedimento para que el llegara a su destino que era con Diosito. Se que allá no está sufriendo.


Otra cosa que me ayudó a que diera otro paso fue una película que vi llamada “La Cabaña” que trata de la relación de un padre con Dios luego de perder a su pequeña hija. Las mamis que no la han visto la recomiendo al 100% ¡me ayudó muchísimo! Bueno así concluye mi historia, hoy en día estoy en la búsqueda de mi bebé arcoiris y no descansaré hasta conseguirlo. Se que desde el cielo mi bebé celestial me ve y me cuida, sobretodo me ama como yo a él. No hay un día que no lo piense ni lo extrañe pero se que tenía que ser así. Aquí iba a sufrir mucho y sería egoísta de mi parte querer tenerlo así. 
Nunca están de mas los consejos en estas situaciones sin importar cuanto tiempo haya pasado. Es un dolor que está intacto con el pasar de los años. Pero con ayuda y amigos que te apoyen y te escuchen se puede seguir adelante. 

La lección que me dejó fue que cambié mi relación con Dios, hablo mucho más con Él y aparte fortaleció mi relación con mi esposo, queremos muchos hijos pero él es mi rey eterno, él es mi palomita pequeñita de amor. ¡Gracias por leerme!



Gracias por compartir con la comunidad de Madres Fénix, es enriquecedor aprender unas de otras, saber que somos muchas las elegidas alrededor del mundo para vivir una maternidad especial que trae consigo grandes regalos y aprendizajes. Permítete descubrir esta visión de amor.

Una caminata celestial

Una caminata celestial

Era una bella tarde de verano cuando María caminaba sin rumbo fijo por el parque de aquella gran ciudad que ansiaba conocer, había esperado tanto ese momento pero algo no le permitía la paz, un dolor que su alma cargaba con pesar desde aquel día en que se despidiera de un pedazo de su corazón. Se sentó en una banca, un bellísimo arbol palo de rosa le daba sombra cuando sintió que alguien se acercaba a ella.

¿Qué estas pensando María? – preguntó con curiosidad una voz que ella no reconocía. Al verla se sorprendió de encontrarse con una hermosa niña de ojos grandes color miel que la miraban tiernamente.

¿Cómo sabes mi nombre? – preguntó María algo confundida intentando hacer memoria de ese pequeño rostro.

Lo adiviné – sonrió la niña mientras se sentaba a su lado acomodando su vestido amarillo con cuidado – ¿quieres probar mi helado? Pareces necesitar uno, ¿qué es eso que no te deja sonreír?

María guardó silencio y clavó su mirada en el piso, sintió sus lágrimas recorrer su rostro apenada de tener un testigo tan joven a su lado. La realidad es que se lamentaba pensando en que no pudo conocer a ese bebé que llevó en su vientre, no como ella hubiera deseado, no por completo, no lo vio crecer como a esa bella niña. Había cargado con el silencio y la pena durante mucho tiempo.

¡Pero si lo conociste María, vaya que si! – respondió tranquilamente la niña mientras saboreaba su delicioso helado – No ha venido a traerte pesar, ni sufrimiento, si no has entendido esto aún no lo conoces realmente. Te empeñas en ver su separación física, pero olvidas que en ese preciso momento ocurrió su fusión, donde empezaron su camino juntos desde y hacia el amor.

María no podía pronunciar palabra, ¿como podría esta pequeña extraña saber lo que pasó con su Matías, su amado bebé? Aquel a quien había llorado y extrañado con cada parte de su ser.

Se bien cómo ocurrió – sonrió la niña mientras tomaba la mano de María – la forma en que nació a Dios fue un momento maravilloso para él, se veía tan feliz y radiante, sin embargo en tu mente es un recuerdo triste y sombrío. Recuerda que la forma como suceden las cosas es solo la forma, no revelan su verdadero significado, hay mucho más detrás de cada experiencia – la niña se levantó y con cuidado limpió las lágrimas en el rostro de María.

-¿Tu eres un ángel? ¿Cómo es que sabes el nombre de mi bebé y todo lo que nos ha pasado? ¡Quisiera creer todo lo que dices!

-Yo acompaño a las almas pequeñas en su llegada a la Tierra y en su regreso al cielo, mi nombre es Ethel – mientras decía esto escogía una flor para María – casi nadie me conoce porque mi trabajo es muy sutil, como una brisa cuando toca tu piel, pero yo amo profundamente a todos los bebés terrestres y celestiales, a todos los conozco por su nombre, a sus madres, a sus familias, sus destinos, sus corazones. Hoy me ves como una niña porque tomé esta forma, así como tu bebé tomó forma humana para que supieras que existe.

-Si es así entonces dime: ¿como esta mi bebé? ¿Esta bien? ¿Sabe cuanto lo amo? ¡¿Es feliz?! – María pronunciaba estas palabras con tono desesperado, con emoción e incredulidad todo entremezclado.

Lo sabe y lo siente María. ¿Crees que para amar necesitas ver, tocar, oler o poder escuchar a alguien? Eso es sensorial, humano. Amar es ir a las profundidades de tu corazón, es sentir, vibrar, conectar, y eso sí que lo has hecho con tu bebé. ¡Dices que no lo conoces pero lo has conocido a la perfección! – dijo Ethel radiante mientras sonreía de una manera angelical – Lo maravilloso es cómo te ama y cuánto agradece que seas su madre, esta orgulloso de ti, es verdaderamente un alma libre y feliz, ¡ese es Matías!

En un repentino salto María abrazó con ternura y fuerza a la pequeña Ethel, agradecida infinitamente por su presencia y palabras. Bajo aquel árbol rosa recibió un milagro, el de saberse siempre amada por su ser celestial, sus lágrimas habían limpiado su alma y sanado su corazón. Ahora sonreía desde un lugar desconocido, desde su amor por él.

-¡Qué gran alegría y bendición ser tu madre! – Pensó María mientras tomaba de la mano de esa pequeña niña para ir a comprar juntas un poco más de helado.

María y bebé Victoria de Jesús

María y bebé Victoria de Jesús

Mi nombre es María y mi hija se llama Victoria de Jesús, soy de Colombia.

A finales del mes de noviembre del 2019 empecé a sentir dolores en mis senos y taquicardia muy seguido, mi periodo se retrasó pero no sospeché, ya que a veces era normal en mí por ser de periodo irregular, pero mis dudas seguían aumentando y decidí con mucho miedo realizarme la prueba de sangre para salir de dudas. Recuerdo que la realicé el 02 de diciembre en las horas de la mañana, ,fui para el trabajo y al regresar en la tarde reviso mi correo y ahí estaba el resultado: positivo, si estaba embarazada. Lloré porque significaba un nuevo inicio en mi vida y sentí miedo de no estar preparada para ella, sabía que sería la mejor mamá soltera del mundo.


Nuestra primera cita para vernos fue el 16 de diciembre, aún era un frijolito, tenía 8 semanas, era tan pequeña y llena de vida. Poco a poco fui sintiendo que su crecimiento en mi interior me llenaba de una fuerza que no imaginé alguna vez tener, disfrutar cada momento junto a ella,cantarle, hablarle y contarle de su familia, de cómo era el mundo, colocarle canciones, su favorita era Ángeles de Dios, apenas la escuchaba se movía. Veía en cada ecografía como crecía, como se iba formando su cuerpecito y su carita, tan llena de vida al moverse dentro de mí y sentir cada patadita de amor. Los primeros meses no fueron fáciles, me tocó muy duro entre el trabajo y los síntomas del primer trimestre pero yo estaba feliz por tenerla a ella dentro de mi. La última vez que nos vimos fue el 05 de mayo donde sería la última ecografía, mi hija estaba tan sana y completa, ese día no dejó de moverse, todo marchaba tan bien que yo salí feliz del consultorio. Ya había entrado al séptimo mes pero desafortunadamente el 12 de mayo de 2020 todo cambió, ese día amanecí con un dolor abajo del vientre que no me gustaba, pero como tenía cita ese mismo día con la ginecóloga le comenté acerca de mis malestares, pero ella me dijo que era normal, que seguro estaba cambiando de posición. No me realizó ecografía y me dijo que si mi dolor aumentaba y llegaba a manchar sangre me fuera de urgencia, pero al llegar a casa y dos horas después mi dolor se intensificó a tal punto de irme para urgencias. Llegué a tiempo manifestando que tenía mucho dolor en la parte baja y en mis caderas, estaba presentando contracciones, en ningún momento me prestaron la atención por ser prioridad por mi embarazo, al ver que el médico de turno no me llamaba para atenderme me paré de la sala de urgencias y me dirigí al consultorio, le dije al médico que no aguantaba más mi dolor, pero en ese instante me vine en sangre y era muy abundante, empecé a sangrar demasiado, me acostaron en una camilla, la atención fue pésima y yo gritaba de dolor. Me decían que tenía que esperar que el ginecólogo saliera de una cirugía, pero yo en medio de mi desespero sentí desde ese instante que mi hija había fallecido, cuando por fin después de un largo rato y aún sangrando decidieron llevarme al ecógrafo y fue en ese instante donde escuché lo que más temía: tu bebé no tiene latidos y lo peor de todo tu útero está muy comprometido. Desde ese momento sentí que el mundo se me caía en encima, quedé en shock al escuchar esas palabras, ordenaron la cesárea y empezaron a transfundirme ya que había perdido mucha sangre.

Lastimosamente mi hija falleció, tenía 29 semanas de gestación, no me la dejaron ver por culpa de esta pandemia que estamos pasando ni pude despedirme de ella. Me tuvieron que realizar histerectomía total ya que al desangrarme mi útero se comprometió, me quitaron la ilusión de ser mamá por culpa de una negligencia médica. Duré cinco días luchando por mi vida en UCI ya que mi estado era crítico, soy un milagro donde Dios me regaló una segunda oportunidad, lastimosamente mi hija no contó con esa suerte.

Mi amada hija Victoria de Jesús me enseñó que existen seres mágicos y especiales que traen una luz tan grande al mundo que incluso después de haberse ido permanece para siempre. Mi princesa, mi hermosa mariposa tu luz brilla por siempre, por que tú eres:

  • La luz que me motiva a seguir y guía mi pasos cuando no siento ganas de nada.
  • La luz que brilla y refleja sus miles de colores para pintar mis días grises.
  • La luz en mis pensamientos cuando siento que quiero que estés orgullosa de mí.
  • La luz que más brilla y destella en el cielo, que me da consuelo en las noches.

Gracias mi Victoria por convertirme en mamá, en tu mamá mi Ángel del cielo. ¡Gracias mi gorda, mi maestra de luz!

Vives en mi corazón por siempre.

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