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Y Dios creó a las Madres Fénix…

Y Dios creó a las Madres Fénix…

Una vez creados los cielos y la tierra, la luna y la noche, los animales del bosque y de los océanos, al hombre y a la mujer, Dios se sentó algo cansado en la orilla de un gran lago y se dispuso a admirar la perfección de su creación. De pronto escuchó una pequeña y curiosa voz que provenía de entre unas flores silvestres:

– Dios, te ves meditativo, ¿en qué estas pensando? – dijo tímidamente aquel ser alado que se movía travieso entre las hojas.

Pienso en todas la almas que he creado ángel mío, cada una de ellas es especial para mi, llegarán en diferentes tiempos a la Tierra pero ya existen ahora y para la eternidad – Dios se detuvo un momento y tomó entre sus manos una pequeña pluma blanca que descansaba en el suelo – ahora estoy por crear algo muy especial.

El pequeño querubín voló hasta donde estaba Dios y se sentó a su lado conteniendo las ganas de abrazarlo, fijó su mirada en la pluma y preguntó qué era aquello tan especial que estaba a punto de diseñar el todopoderoso.

Estoy creando el alma más fuerte, aquella que podrá resistir los mas grandes combates con entereza, que elegirá la valentía antes que el miedo, que podrá conocer el amor verdadero, ese que tu y yo conocemos en este lugar – tomó un poco de tierra y la revolvió con agua que tenía destellos de divinidad – esta pluma será parte de su esencia, correrá por su sangre y se mantendrá en ella por todos los tiempos.

El pequeño angel miraba maravillado cómo Dios creaba hábilmente lo que él pensaba era el alma de un gran soldado, tanto valor y coraje eran seguramente virtudes para luchar y ganar batallas.

Estas equivocado ángel mio – dijo Dios riendo ante la cara de sorpresa de su espectador – esta alma es nada menos que la de tu madre.

El ángel abrió sus ojos asombrado, no entendía cómo su madre podría ser como un soldado. Ante su cara de sorpresa, Dios siguió explicando con alegría y serenidad:

Tu madre es un alma con esencia mágica, por eso he vertido una pluma de tu ala en su mezcla divina, es lo que la hace brillar tan intensamente – continuó Dios sintiendo gran júbilo y ternura – esta diseñada especialmente para seres como tu, mis ángeles predilectos, los amo tanto que les he diseñado madres especiales que entiendan y acepten la gran misión que les daré en su paso por la Tierra.

-¿ Y cual es esa misión? – preguntó intrigado el ángel mientras volaba frente al rostro de Dios aleteando rápidamente como un bello colibrí.

-Su misión es que ustedes conozcan el amor verdadero y real que nace de mi por medio de ellas, sentirse amados y aceptados para la eternidad. No es tarea fácil para un ser humano, pero si es posible para su alma porque la he dotado con todo lo necesario: aceptación, fe y una capacidad de amar inmensa sin limites – Dios narraba paciente y amorosamente mientras añadía a su mezcla polvo de estrellas.

-¡Ya quiero estar con ella, con mi mama! Pero…¿por qué tengo que regresar tan rápido aquí? – dijo el querubín con un tono algo triste sin entender del todo.

Acariciando su cabeza con ternura Dios le contestó –Porque tu naturaleza es puramente celestial mi ángel, divina y etérea, tu paso será breve pero intenso, tu huella eterna, regresarás pronto pero habrás cambiado muchas vidas y corazones, habrás llevado mi mensaje. Recuerda que el tiempo es mera ilusión, la existencia por su parte es infinita.

-¿Y cuál es ese mensaje que llevaré? A mi me gusta estar contigo – dijo el ángel suspirando lentamente – pero también quiero estar mas tiempo con mi mama.

Dios sonrió tiernamente y tocó su corazón con la mano – ¿Sientes eso que arde en tu corazón, que te hace sonreír y volar lleno de alegría entre las nubes?

-¡Si, si lo siento! – dijo el pequeño ángel algo confundido con una emoción incontenible.

Ese ardor, ese fuego que arde en ti es el amor de tu madre. Aún no la conoces en su forma humana pero no hace falta porque sus corazones se aman desde siempre y para siempre lo harán. Ella sabe que tu amor por ella arde en su corazón, es un vínculo eterno que los conecta aunque tu estés aquí y ella allá, por ahora.

-¡Siento que la amo! Siempre la he amado, ¡gracias por crearla tan bella y tan amorosa mi bello Dios! – dijo el ángel en medio de su aleteo acelerado por su gran emoción con una sonrisa que parecía arrojar más luz que el mismo sol.

Un gran arcoiris surgió de entre las nubes y mientras Dios y su querubín admiraban el paisaje frente a ellos, en un suspiro Dios le susurró – Es mi gran regalo para ti, mi bebé celestial, es nada menos que un alma Fénix”

Guadalupe y bebés Romina y Julio

Guadalupe y bebés Romina y Julio

Hola, mi nombre es Guadalupe, tengo 21 años y soy mamá de dos hermosos angelitos. 

A mis 20 años quedé embarazada, estaba yo tan emocionada, todo parecía normal, mi esposo amaba la idea de ser papá. Era hermoso para mi sentir náuseas, mareos y todos los síntomas de embarazo porque lo que más importaba en ese momento era estar bien para la personita que estaba en mi vientre. A las 12 semanas de gestación me tocaba ultrasonido, ahí me dieron la peor noticia: mi bebé estaba muerto. Era un huevo muerto retenido y tuvieron que hacerme un legrado en el hospital. Me partió el alma, me dolió muchísimo, a pesar de no haber escuchado su corazoncito ni sentir pataditas para mi ya era mi bebé y lo amaba, sufrí muchísimo pero supe enfrentar mi pérdida.

Un año después inesperadamente me dicen que nuevamente estoy embarazada y me dio muchísimo miedo por lo que ya había pasado, estaba llena de pánico y felicidad. Me cuidé muchísimo y de igual manera todo iba muy bien, asistía a mis consultas, comía bien y todo. Era la mujer más feliz sobre la tierra. A las 13 semanas me tocaba ultrasonido y tenía miedo, mucho miedo, recuerdo tanto ese día. Por primera vez escuche su corazoncito y aunque no lo sentía aún, vi que se movía mucho, llore de felicidad.

A las 13 semanas me sentí un poco mal y fui a revisión, mi ginecólogo me hizo otro ultrasonido y fue entonces que me dijeron que mi bebé tenía translucencia nucal aumentada, eso implicaba riesgos para algún tipo de trisomía o alguna malformidad en mi bebé. Me mandaron a hacer un triple marcador y salió alto riesgo para un Síndrome de Down, fui al médico y me recomendó hacerme una amniocentesis para confirmar o descartar la trisomía. Yo aún tenía esperanzas de que todo estuviera bien pero los resultados fueron positivos, mi bebé venía con Síndrome de Down. 

Me sentí triste pero también feliz, pues me había tocado ser mamá de un ser muy especial, a pesar de lo que mi bebé tenía yo lo amaba mucho más porque sabía que necesitaría más amor y mas cuidados. Amaba imaginar la llegada de mi bebé, era niño y se llamaría Julio. Comenzó a crecer mi pancita y empecé a sentir sus pataditas, cuando su papá y yo le hablábamos él pateaba aún más fuerte y aunque me dolía un poco, no importaba porque amaba mucho a mi hijo. Comencé a hacer planes para la llegada de mi bebé, ya tenía su primer cobijita, su papá le compró su primer juguetito.

Todo estaba tan bien con mi bebé, ya tenía 21.4 semanas cuando se me rompió la fuente: mi bebé nació muerto pero además venía con otro problema que nadie me habia dicho pues tenia labio leporino. No querían enseñarme a mi bebé pero al final me dejaron verlo, era el niño más precioso, su cuerpecito estaba ya formado, sus manitas eran tan pequeñas. Le prometí que le echaría ganas para que se sintiera orgulloso de mi en el cielo y que cuidara de su hermanito que se había ido tiempo antes que el.

Perdí a mi bebé hace casi dos semanas y me duele mucho, mis pechos llenos de leche me hacen sentir muy triste pues pienso que esa leche que se desperdicia, estaría tomándola mi niño. Pero lo amo y por amor a mi hijo tengo que echarle ganas como se lo prometí.

Ahora tengo dos ángeles hermosos en el cielo. 

Mi Romina y Julio

Gracias por compartir con la comunidad de Madres Fénix, es enriquecedor aprender unas de otras, saber que somos muchas las elegidas alrededor del mundo para vivir una maternidad especial que trae consigo grandes regalos y aprendizajes. Permítete descubrir esta visión de amor.

Mural Celestial

Mural Celestial

¡Gracias y más gracias a todas las Mamis Fénix que compartieron bellas fotos de sus bebés celestiales!

Es un gran honor conmemorar y celebrar la vida de estos seres tan especiales que nos fueron confiados por un tiempo para enseñarnos sobre el verdadero amor, sobre la vida y sobre Dios. Felicidades a cada uno de nuestros bellos seres celestes, ¡los amamos!

¡Sigamos celebrando sus vidas desde el amor, el gozo y la fe!

Diseño por Ana M – correodeanamora@gmail.com

Lucía y bebé Narella Abigail

Lucía y bebé Narella Abigail

Hola mi nombre es Lucía, mi pequeña hija se llama Narella Abigail. Su papá y yo somos de Buenos Aires, Argentina.  Nació el 22 de enero del 2020 a las 23:12 hs. Hemos perdido a nuestra  primer hija, nuestra ALMA DE DIAMANTE hace ya tres meses, así me gusta decirle ya que su primer nombre significa brillante, por eso lo elegí y en honor a una canción que se titula de la misma manera que me gusta llamarla, de un gran músico y compositor, aquí en mi país. 

Partió a los siete días de vida, luego de haber nacido con una malformación congénita en su corazón, Tetralogía de Fallot. Tuve un embarazo normal, deseado y feliz. El parto fue un día totalmente largo, empezando durante la mañana por la posibilidad de parto natural con inducción, hasta terminar por la noche en una cesárea de urgencia por taquicardia fetal que concluyó en un paro cardio respiratorio al nacer, por lo cual nunca escuché llorar a mi bebé. Lo digo, lo remarco con dolor porque me pesa cada día  no haber escuchado su llanto, esa bendito llanto con el que uno sueña y  tanto anhela que ocurra aquel esperado día, el día de la cita materna del amor donde finalmente “terminamos  de convertirnos oficialmente en madres”. 

Dado el cuadro de nacimiento, las intervenciones para reanimarla y mi cesárea, pude conocer a mi hija al día siguiente pasado el mediodía a través de su cunita en la neo.  Recién  a los dos días, luego de que la trasladaran a un hospital de complejidad pediátrica, pude tenerla en mis brazos, sentir su piel de duraznito, llenarla de besos y admirar su eterna belleza durante siete días, siete días tan largos y tan cortos a la vez. Tras esos dos días de internación en la UCI neonatal, nos informan a mi compañero y a mi (post un alta de urgencia por la situación delicada) que no había chances de intervención quirúrgica para  nuestra preciosa . Los médicos nos explicaron que no era posible porque su anatomía no lo permitía, de las tres formas existentes ninguna era compatible con la malformación tal que presentaba su corazón. Así que desde el segundo día de vida, solo fue esperar su deceso y acompañarla en ese camino tan doloroso para cualquier madre y padre, el camino de la muerte de un hijo. Maternamos muerte cuando ansiabamos maternar la vida. Le dimos todo el amor que pudimos y allí estuvimos, haciéndola sentir amada y acompañada hasta su último respiro en nuestros brazos. Porque así literalmente fue como partió. Nos permitieron tenerla en nuestros brazos, hasta su último frágil y suave latido. Le cantamos, la besamos, acariciamos y contemplamos hasta su último segundo de vida.

Sin dudas, todo el camino transitado durante las 38 semanas y dos días de embarazo, y sus días de estadía terrenal nos enseñaron sobre el amor, la incondicionalidad y la aceptación. Nos enseñó que éstas mapaternidades que se  visten de luto también EXISTEN, que esto también ocurre, y ocurre más a menudo de lo que uno imagina. Haber tenido a nuestra hija internada en una UCI (y lo que ello conlleva, una imagen mental nada parecida a lo que uno anhela e imagina  para su llegada) fue y será la experiencia más devastadoras de nuestras vidas, pero nos ha dado una lección infinita de amor. Dar y recibir amor lo es todo. Vivió esos 7 maravillosos días por y gracias a la fuerza más poderosa que pueda existir en el mundo, el amor.

Les damos gracias eternas por habernos escogido como padres y por enseñarnos una vez más a ser resilientes y a seguir luchando, como ella luchó con su pequeño cuerpito cada día. A valorar el quintuple lo esencial de la vida y a trabajar el desapego. Su ser brillará siempre en nuestros corazones y vivirá en cada uno de nosotros,a su modo y se nos revelará de distintas maneras. Muchas veces desde el parecido ligado a lo físico, como cada vez que me miro al espejo y veo ese brillo en mis ojos y en los de mi padre, o en cada despertar cuando veo a mi pareja durmiendo y recuerdo que sus párpados y sus ojitos rasgados son iguales. Así como también en cada mariposa y colibrí que visitan nuestro jardín. Narella nos enseñó que la vida muere pero que el amor, el amor va, sigue, perdura, se transmuta y se hace infinito.

Gracias por compartir con la comunidad de Madres Fénix, es enriquecedor aprender unas de otras, saber que somos muchas las elegidas alrededor del mundo para vivir una maternidad especial que trae consigo grandes regalos y aprendizajes. Permítete descubrir esta visión de amor.

Ana Paola y bebés Diego y André

Ana Paola y bebés Diego y André

Mis dos estrellas: Diego y André ”

La vida que yo creía se transformó el día que los planes de DIOS empezaron a ser diferentes a los nuestros.

Me llamo Ana Paola, tengo 30 años, soy mamá de una niña de 8 años y dos estrellas en el cielo. 

A los 22 años tuve a mi primera hija que llegó sin complicaciones, hasta esa fecha pensaba que la maternidad era por derecho; no hubo complicación, todo se me dio muy bien. A los 8 meses de edad de mi hija me entero que estoy embarazada nuevamente, nos tomó por sorpresa, sin embargo, acudimos a nuestras revisiones y todo transcurría normal. A las 12 semanas de embarazo noté un ligero manchado al cual no le di importancia, a las 21 semanas comenzaba la pesadilla: 31 de mayo 2013 a las 3:00 a.m. Me despierto con un dolor terrible de estómago, alerto a mi esposo, le llama al Doctor pero minutos después empiezan los dolores más intensos y con más frecuencia: “eran contracciones”. Voy al baño y comienzo a sentir como sale algo, era mi bebé. Entré en shock, tenerlo en mis manos, frágil y pequeño, era un NIÑO: Diego.

Mi primer acercamiento al duelo gestacional. 

Siete años después me someto a una FIV, primer intento POSITIVO, mi corazón lleno de amor, a las 12 semanas nos dicen que es un NIÑO: André. Lloramos de felicidad, semanas más tarde, esas lágrimas se transformaron, 18 de enero 2020, la historia se repetía. Esta vez en el hospital, nada pudieron hacer, contracciones y bebé acomodado para nacer con apenas 20 semanas, mi corazón se hizo pedazos.

Esta vez fue muy distinto, mi acercamiento a Dios me ha hecho mantenerme en pie, agradecer el tiempo que estuvieron conmigo, honro su existencia y por supuesto que sigo creyendo que los planes de Dios son ¡PERFECTOS!

Gracias por compartir con la comunidad de Madres Fénix, es enriquecedor aprender unas de otras, saber que somos muchas las elegidas alrededor del mundo para vivir una maternidad especial que trae consigo grandes regalos y aprendizajes. Permítete descubrir esta visión de amor.

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