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5 Enfoques de amor

5 Enfoques de amor

Anomalía de Ebstein es el nombre de la cardiopatía que tenía mi hija en su hermoso corazón, es lo que la hizo siempre tan especial y más por lo poco frecuente que se presenta esta enfermedad. Tu hijo o hija hoy tienen una condición y la forma en que veas esta situación define tu experiencia de vida, la convierte en una eterna aflicción o la transforma en un gran regalo.

  1. Tu hijo no es su condición

Mi hijo no es su cáncer, mi hija no es su cardiopatía, mi hijo no es su síndrome de Down, ultimadamente mi hijo no es su cuerpo. Necesitas ver más allá de todo esto, no es fácil pero es posible, necesitas reencontrarte con tu hijo, con el ser humano que es, con su alma. Es común confundir y conceptualizar a una persona dentro de una categoría muy limitada que es la condición de su cuerpo. “Es diabético, es hipertenso”. Tu hijo es mucho más y necesitas conectar con esa parte, donde lo veas como tu hijo y no como tu paciente. No eres doctora ni enfermera, eres su madre. Son roles radicalmente distintos, quizás tengas que ser los dos pero que sepas al final que son cosas diferentes. Desde la enfermera en ti cuidarás, limpiarás, darás medicinas, lo llevarás al doctor, verás por su bienestar. Desde la madre le demostrarás cuánto lo amas, compartirás risas, leerás cuentos, comerán ricos platillos, convivirán en familia. No te pierdas tu maternidad por las condiciones que afrontan, antes que todo eres madre y él o ella antes que todo es tu hijo.

  • Elegidos

Apelo a tu ser espiritual, a esa parte de ti que cree en algo más, en algo superior. Tu religión es lo de menos. En este sentido hay que sabernos elegidos, una misión de esta magnitud es un gran honor, el acompañar a nuestro hijo o hija a tener una experiencia terrenal llena de amor, de aceptación, de compasión, de empatía. Son seres que nos han sido enviados para aprender de ellos y de la vida, que ponen todo en perspectiva, que nos exigen dar valor a lo que realmente importa, a sentirnos orgullosos de ellos de forma incondicional, a sentir gratitud por lo grande y lo insignificante, ellos nos hacen mejores seres humanos, nos muestran una sonrisa pura y verdadera. Saberse elegida como madre para gestar y dar a luz a un ser especial es un gran honor, una misión que se acata con entereza y voluntad.

  • Informarse con medida

Es natural que cuando conocemos el diagnóstico inmediatamente nos lancemos a internet a investigar a fondo todo lo relacionado con lo que presenta nuestro hijo o hija, vemos videos e imágenes, leemos testimonios esperanzadores y otros no tanto, intentamos entender anatómica y médicamente la raíz de la enfermedad o padecimiento. Es bastante común, sin embargo, no es del todo sano. Todos los casos y estadísticas que se mencionan en lo largo y ancho del internet no son el caso de tu hijo o hija porque su condición, organismo y circunstancias son diferentes y únicas. Me pasó y después de un auténtico desgaste digital donde me saturé de información, entendí que la única información realmente veraz y trascendente era aquella que me daban los médicos de mi hija quienes conocían perfectamente su situación, sus reacciones, condiciones, medicamentos, análisis y demás indicadores únicos y exclusivos de ella. Esta es la opinión que vale, la que cuenta. Te recomiendo investigar pero con mesura y siempre tomando en cuenta que al final la información que más te servirá será la de aquellos que están atendiendo a tu hijo o hija, a ellos siempre la atención y la gratitud.

  • No al victimismo

Colocarse en el lugar de víctima jamás lleva a buen puerto y la pregunta que con mayor frecuencia surge desde este lugar es ¿por qué a mí? Te anticipo que no hay respuestas a esa pregunta, simplemente no las hay y entender esto te traerá tranquilidad. No se puede vivir desde el deber ser, ese es un mundo utópico imaginario donde nadie sufre, pero también donde nadie crece por lo que es más sano situarse en la creencia de que el mundo es tal y como es. Tu hijo o hija no está pagando ningún castigo o cuenta pendiente de algún antepasado, tampoco tiene una condición especial porque tuvo mala suerte o porque no se trató a tiempo desde el embarazo. Es así porque es perfecto así, es simplemente el mismo.

  • Gratitud

No hay acto más sincero y elevado que agradecer, especialmente cuando agradeces de corazón la condición y la vida de tu hijo o hija. ¡Gracias por este ser maravilloso que me eligió como madre para compartir nuestras vidas, que confió en mí para esta experiencia terrenal porque sabe que no le fallaré jamás! Gracias porque cada día aprendo más sobre el amor verdadero, incondicional. Gracias porque me da la oportunidad de servirle a Dios y a la vida desde el corazón. Gracias por su risa, por su mirada, por sus gestos, por su amor. Gracias porque me enseña sobre la humildad al poner su destino en manos de Dios su creador. Tu corazón agradecido te llevará hacia un estado de paz donde te reconoces afortunado de conocer el verdadero amor.

Vive un duelo libre

Vive un duelo libre

No hay reglas. He aprendido que a pesar de la literatura y múltiples investigaciones alrededor del tema del duelo, no necesariamente se debe vivir así. Suena atrevido, desafiante, pero partiendo de que ningún duelo es igual a otro por las circunstancias en que se vive podemos imaginar más de una forma de atravesar éste proceso. 
Las 5 fases del duelo reconocidas a nivel mundial son: negación, ira, negociación, depresión, aceptación. No ahondaré en cada una de ellas ya que el internet está saturado de información al respecto y probablemente ya estés familiarizada con éstas etapas. Únicamente quiero hacer mención de las etapas que estadísticamente se han documentado y subrayar que no necesariamente debemos atravesarlas. Ya sea que perdiste a tu hijo en el vientre o ya nacido, te recomiendo considerar lo siguiente:


No te juzgues


Esta es muy importante. Pareciera que al perder un hijo se espera que sigamos ciertos parámetros de conducta y vernos de tal o cual manera pero no es así. Durante mi duelo viví cosas inexplicables por las que llegué a sentir culpa, por ejemplo el encontrarme riendo a carcajadas con mi hermana a poco tiempo de despedir a mi hija, o al estar montando a caballo divirtiéndome a lo grande. Pensaba que estaba haciendo algo malo, que no debería reír o divertirme al menos durante un buen tiempo, no tenía derecho. Después comprendí que no estaba pecando ni faltándole a mi hija sino que vivía mi duelo de forma auténtica y a mi manera. Darme cuenta que juzgarme de forma constante por lo que hacía, decía o sentía era algo inútil, nadie puede decirte cómo vivir tu duelo. Así que si hoy en medio de tu pérdida te encuentras disfrutando con tu pareja, riendo con un amigo, picada con una serie o simplemente gozando de tu existencia, ¡está bien! Si en otro momento te hallas llorando y recordando con añoranza a tu hijo, también está bien. Si trabajar te ayuda a distraer tu mente y ocupar tu tiempo, ¡perfecto! Haz lo que sientas y no te juzgues por ello, después de todo no hay nada escrito. 


Siéntete orgullosa


Hoy me considero muy afortunada y feliz de tener tres hijos que me esperan en la eternidad. Los primeros dos que perdí desde el vientre y mi última que falleció a los 6 meses de edad por una cardiopatía. Son mis grandes tesoros de vida y me siento honrada que me hayan elegido para ser su madre, para acompañarlos en la misión que venían a cumplir a éste mundo. Soy madre de seres celestiales y estoy feliz de serlo, tan feliz como lo están las madres que tienen a sus hijos con ellas. Ser madre es un cargo vitalicio, no depende de la existencia de nuestros hijos. Siéntete orgullosa de tu historia y del destino de ellos pues es tan especial como el de cada ser humano. Somos madres especiales de seres especiales y eso nos llena de gratitud.


Participación activa


Podemos honrar a nuestros hijos de distintas formas, en mi caso aprendí lo que son las cardiopatías congénitas y su importancia cuando recibí a mi hija. Hoy realizo donaciones a instituciones que atienden niños y niñas cardiópatas mexicanos, con ello honro a mi hija y aporto a una causa, me identifico con esta comunidad de padres que viven lo mismo que yo pasé. Veo la forma de involucrarme y participar en proyectos que dan sentido, que permiten a mi hija seguir ayudando desde donde está. Pregúntate cómo puedes ayudar y honrar a tu hijo, siempre hay formas de hacerlo desde donde estés.


Convivencia especial


He puesto muchas fotos de mi hija en mi casa, cuando se avecinaba la primera Navidad después de su partida adorné y le puse un árbol con sus cosas, mientras manejo le canto aquellas canciones con que jugábamos, la tengo presente y en voz alta le digo cuánto la amo. He descubierto que hacer esto no está mal, es mi forma de continuar conviviendo con ella. En las etapas tradicionales del duelo sólo encontramos lo que vive el doliente pero qué pasa con la otra parte, qué pasa con el amor que sigues sintiendo por tu hijo. Manifiéstalo a tu estilo y como acostumbrabas hacerlo, quizás las primeras veces te sientas rara pero cuanto más lo haces más belleza encuentras en esos momentos. Se trata de aprender a convivir desde esta nueva realidad, a mantenerlos presentes mas allá del pensamiento. 
Lo que propongo puede sonar raro o inusual, sin embargo te invito a tomarlo en cuenta para vivir un duelo libre, sin presiones ni etapas que cumplir. Se tu misma ahora más que nunca, hacerlo te dará paz y fuerza para continuar. 

 

5 formas de encontrar paz

5 formas de encontrar paz

Desde mi experiencia comparto lo que me ha ayudado a vivir en paz después de la pérdida de mi hija, hay que abrir la mente y el corazón para romper con las formas tradicionales de ver la pérdida. 

1. Aquí y ahora

Vivir en el momento presente es liberador porque mantiene nuestra mente enfocada en lo que se está viviendo, en la nueva realidad. El mindfullness o atención plena resulta sanador al salirnos de la continua recurrencia a la memoria, a la nostalgia. No es que recordar a nuestros hijos sea algo malo,al contrario, es una fuente maravillosa de contacto con ellos; sin embargo mantenernos en ese lugar de dolor y añoranza nos aleja de alcanzar la paz. Estar cocinando mientras cocinas, trabajando mientras trabajas, viendo una serie mientras la ves, te faculta a vivir tu propia vida, descansar y distraerte, convivir genuinamente con tus amistades, disfrutar un buen platillo, sumergirte en las páginas de un libro. Aunque parezca difícil es posible y se puede empezar poco a poco y de forma consciente: “Cocinaré este día practicando el aquí y ahora, poniendo atención plena en los olores, texturas, colores y sabores de los alimentos que preparo. Imagino las distintas formas de presentar el platillo y cómo disfrutaremos durante la cena”. Intentalo y permite que tu mente descanse y se revitalice con este ejercicio.

2. Es como debe ser

Si aún no había llegado ese momento en tu vida donde es necesario creer, ya llegó. Independientemente de tus creencias religiosas, es esencial entender que existe un orden perfecto en la existencia y en el universo. No hay errores en la creación ni en los acontecimientos, nuestros hijos nos esperan en la eternidad y está bien. Su momento ha sido perfecto como será el nuestro, no existen hubieras ni equivocaciones. Dolor sí, sufrimiento no. Si lo conociste has sido muy bendecida, y si no también, porque no hace falta verlo físicamente para amarlo profunda y eternamente. Entender esta verdad nos regala con la tranquilidad de que nuestros hijos fueron llamados porque así tenía que ser y nosotras, aún con el dolor que implica, lo aceptamos y respetamos.

3. Hablar de ellos

Ignorar o evitar hablar de nuestros hijos porque se han ido y nos ha causado inmenso dolor es en mi experiencia un gran error. Cuanto mas hablo de mi hija con mi familia y amigos, más me familiarizo con ésta nueva realidad y me es mas natural el aceptarla. Escucharme decir las palabras y sentirla viva en la memoria de todos me hace sentir bendecida y agradecida, evitar hablar de ella sería negar su existencia. No tengas miedo y ábrete a éstas conversaciones amorosas, intenta compartir desde el amor diciendo: “A mi hijo le encantaba jugar con su elefante de peluche y lo hacía reír a carcajadas” o bien “Recuerdo cuando estaba embarazada de mi hija y en el ultrasonido mostraba un gran parecido con su papa”. Son regalos de vida que nos han sido dados y hablar de su existencia en voz alta cuando así lo sintamos nos libera y mantiene conectadas en nuestro amor con ellos.

4. Están bien

Saber que nuestros hijos están en un lugar de amor y gozo nos da paz. Si tu bebe ha regresado al cielo desde tu vientre entendemos que no era compatible con la vida, al igual que si se ha ido por una enfermedad. Como madres lo que más nos interesa es que nuestros hijos sean felices y estén bien, ya sea que estemos con ellos o no. La muerte es un momento natural de perfecta paz, es el descanso del cuerpo para regresar al gozo. Somos madres libres al estar ciertas de que nuestros hijos están bien, estén donde estén. 

Si eres creyente de alguna religión o filosofía investiga un poco más sobre la concepción de la muerte y abre tu mente para no verla necesariamente como una fatalidad.

5. Amor de dos

Saberme amada por mi hijo y seguirlo amando aunque no lo vea de forma física, es lo que nos mantiene unidos para la eternidad. Ahora comprendes que para amarlo profundamente no necesitas verlo ni tocarlo, acaso sea posible yo amo a mi hija cada día más a pesar de no tenerla aquí a mi lado. Muere el cuerpo mas no el amor, éste es un regalo para la eternidad. Nos llena de paz saber que éste vínculo no se ha roto, por el contrario se ha fortalecido tras su partida pues ahora sabes que lo amas en todas sus formas, en todos sus momentos. No importan las formas, el amor de nosotros es uno vivo.

Espero consideres estas reflexiones como útiles y abras tu mente a encontrar paz tras tu pérdida, es posible. Recuerda que eres muy amada y que nos toca honrar sus vidas al vivir la nuestra plenamente. ¡Sonríe! 

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