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Marilynis y Maximiliano

Marilynis y Maximiliano

Maximiliano:

Llegaste a mi vida para cambiarla por completo. Recuerdo aquel 25 de marzo cuando me realicé la prueba de embarazo con los nervios a mil por hora, me negaba a ver el resultado porque siempre que tenía una sospecha salía negativa. Pero todo cambió cuando vi esas dos hermosas rayas, lloré de emoción, llegó el momento de decírselo a papá y a la hermana mayor. Lloraron, día tras día era una emoción con miedo, llegamos a la semana 8 donde se perdieron los embarazos anteriores.

Recuerdo la primera ecografía llena de nervios porque tenía un sangrado y me asusté mucho, me fui a la clínica y mi sorpresa fue cuando el doctor me dijo tienes un embarazo gemelar pero tenemos que esperar hasta la semana 10 para repetir la ecografía porque uno tiene latidos pero son muy débiles y tal vez no se logre, el otro está muy fuerte y está súper bien. Llegó la semana 10, con muchos nervios me repetí la ecografía y me llenó de una tristeza pero con una felicidad inmensa, mi gemelito dejó de crecer y ya no tenía latidos, pero el otro estaba bien.

Así pasaron las semana,s el 16 de junio del 2020 me estaba bañando cuando un sangrado interrumpió mi tranquilidad, eran la 1:20 cuando salí corriendo a la clínica muy triste porque pensaba que mi bebé ya no estaba en mi vientre. El doctor me mandó a ecografía, apenas me vio me recibió la perinatóloga, me dijo que tenía que calmarme porque estaba muy nerviosa. Apenas me colocó el aparatico en mi pelvis me dijo: tu bebé está con latidos, me recuerdo que me pregunto que si quería niño o niña, yo le respondí lo que sea pero que venga sanito, me dijo ¿le tienes nombre? Le dije solo tengo un nombre para niño, se llamará Maximiliano y me volteó el monitor y me dijo: te presento a Maximiliano. Me invadió una inmensa alegría, era mi tal anhelado príncipe ya que tengo una princesa.

Llegó el 20 de junio de 2020, el sangrado regresó dejando una sola opción: una cesárea de emergencia. Mi Maximiliano nació al cielo a las 10:10 a.m el doctor me dijo que si quería mirarlo y mi repuesta sin pensarlo fue si, me lo acercaron y vi su hermosa carita, tomé sus manitas y no me recuerdo de más nada porque entre en shock.

Le he pedido a Dios que me dé fuerzas y me ayude a entender sus designios, cada vez que llueve lo siento tan cerca de mí, ya que el día que salí de la clínica llovió tanto que era como si el cielo llorara conmigo.

Gracias por compartir con la comunidad de Madres Fénix, es enriquecedor aprender unas de otras, saber que somos muchas las elegidas alrededor del mundo para vivir una maternidad especial que trae consigo grandes regalos y aprendizajes. Permítete descubrir esta visión de amor.

Mis noches contigo

Mis noches contigo

Si hoy sientes desconsuelo en tu corazón y no te permite el sueño, ¡no estás sola! Respira profundo y lee con atención estas palabras cuantas veces lo necesites y mientras lo haces, recuerda que tu bebé celestial está contigo, aquí y ahora.

Esta noche me abraza en su infinidad y desde mi almohada pienso en las estrellas, se que están ahí aunque no puedo verlas en este momento. Se que brillan sobre mi y sobre ti, amor divino que Dios y la vida nos han concedido.

Descanso en la confianza de que todo es perfecto, que has nacido al cielo en un momento de amor infinito que mi mente no puede siquiera imaginar. Nada te ha faltado y nada te falta, has cumplido enteramente lo que tu alma necesitaba para su evolución y bien mayor.

Descanso en la fe de que nuestro vínculo crece día a día, que te amo más a cada momento, que continúo descubriendo el nuevo mundo al que me invitaste con tu venida. ¿Cómo puedo agradecer un regalo tan grande?

Hoy elevo una intención de amor, pues mas allá de mi dolor estoy aquí, tu madre que te ama. En medio de esta bella noche que me cobija me repito a mi misma:

Todo pasó, pasa y pasará de manera perfecta, fluyo con la vida que me sorprende a cada momento y que me hace llegar tu amor. Al cerrar los ojos abro mi corazón al amor y a la aceptación. Acepto que tu naturaleza es celestial, que no hay ningún error, que has sido creadx para la eternidad y no sólo para la humanidad. Te sé eterno, te se libre, te se pleno. La misma fuente amorosa que hace latir mi corazón, te ha diseñado y traído a mi para saber que existes.

¡Qué maravilla ser consciente de que soy madre para la eternidad! Tu madre, tu alma testigo, tu fiel compañera y amiga.

Hoy sé que las estrellas del firmamento que sobre mi destellean me recuerdan que siempre hay luz en medio de la inmensa oscuridad. Que no importa cuán oscura parezca la noche, tu luz ilumina mi existir y que aún durmiendo en las profundidades de mi subconsiencia, te estoy amando.

Si esta noche deseas explorar la belleza de su amor celestial, te invito a leer en la sección de Relatos algunas reflexiones que con amor he preparado para ti.

Te amo mamá

Laura y bebé Ignacio

Laura y bebé Ignacio

¡Hola mamis! Mi nombre es Laura, soy de San Juan, Argentina. Mi hermosa historia comienza en julio del 2019 cuando me enteré que estaba embarazada de mi primer y único bebé.

Pasados los meses en el estudio de translucencia nucal le salió elevada, ahí se me vino el mundo abajo sin perder las esperanzas, ya que esas medidas pueden no ser nada. Mi esposo y yo pusimos todas las esperanzas y mejores energías para que todo saliera bien, cada ecografía era un suplicio, asas intestinales dilatadas, un solo riñoncito y la última eco nos dio la peor noticia: hemivértebra cervico-dorsal. No sabíamos qué tan grave era hasta que naciera y ¡así fue!

Ignacio quiso llegar con sus papis un 24 de febrero del 2020, una semanita adelantado (debía nacer por cesárea por su condición). Cuando sentí su llanto fue lo más hermoso que escuché en mi vida, le di un beso, le dije cuánto lo amaba y se lo llevaron a NEO. La hemivertebra provocó que unas costillitas no se formaran bien y le comprimían uno de sus pulmoncitos. Así fue que entre operaciones, sustos y miedos pasamos los más hermosos 20 días de mi vida, 20 días que Ignacio decidió pasar con nosotros y de los cuales estoy eternamente agradecida. Pude alzarlo, cantarle, mirarlo a los ojos y que me diga “mami, no estés mal, yo sé lo que tengo que hacer”.

Así el 15 de marzo del 2020, nos permitió despedirnos antes de nacer al cielo. Me costó mucho aceptar que nos haya dejado, lloré a mas no poder, hasta que entendí que nunca se fue, que siempre está conmigo desde otro plano, convertí mi enojo por su partida en agradecimiento por haber llegado a mi vida.

Agradezco cada día a Ignacio por haberme elegido su mama, por haberme enseñado a que nada es seguro en esta vida, que hay que disfrutar cada segundo y que el amor no sabe de tiempos ni distancia. Estoy muy orgullosa de él, de su valentía, por ser un gran GUERRERO, gracias por enseñarme que hay que “respirar” la VIDA. Hoy desde su partida viene a visitarme al jardín un hermoso colibrí que nunca antes había visto.

Te amo siempre mi pequeño gran guerrero, siempre vas a vivir en mi corazón.

Gracias por compartir con la comunidad de Madres Fénix, es enriquecedor aprender unas de otras, saber que somos muchas las elegidas alrededor del mundo para vivir una maternidad especial que trae consigo grandes regalos y aprendizajes. Permítete descubrir esta visión de amor.

Valeria y bebé Miguel Ignacio

Valeria y bebé Miguel Ignacio

¡Hola! Primero que nada encantada de poder compartir mi historia con personas que realmente puedan entender. 

Mi nombre es Valeria Estrada y soy de Venezuela. Mi historia empezó con la fabulosa noticia de que estaba embarazada y bueno, lo que más había deseado en mi vida ya que tengo un solo ovario (el otro me lo quitaron en una operación a los 12 años). Tenía que salir embarazada pronto por cuestiones de tiempo, yo feliz de que al fin sería madre junto con mi esposo. Todo fue bien hasta mitad del sexto mes dónde me dio una infección que terminó siendo candidiasis, lo cual hizo que a pesar de que tenía tratamiento se me rompiera una membrana por la cual boté todo el líquido. Esto me llevó a un parto de emergencia, el 17 de agosto de 2018 conocí a Miguel Ignacio mi príncipe. ️Gracias a Dios al momento todo salió bien, yo estaba feliz cuando vi a mi bebé pequeñito de 1.200kg pero sano. Estuvo casi un mes en incubadora por su condición de bebé prematuro, luego de sacarlo de la clínica al otro día me convulsionó y lo llevé de vuelta a emergencias.

Ahí empezó mi calvario. Después de salidas y entradas a la clínica porque mi bebé siempre presentaba algo me terminaron diciendo que tenía 2 hemorragias en el cerebro y un ACV del lado izquierdo. Luego de tanto luchar con el, visitas en la clínica, noches de desvelo esperando llamadas con malas noticias y compra de medicamentos, mi bebe murió en mis brazos a las 3:00 am del 31/10/2018. Horas después de mi cumpleaños que fue un día antes, luego de cantarle una canción de cuna que tenemos aquí en Venezuela que se llama la Palomita Blanca que habla de que vaya a ver a Papito Dios, ya no respiraba. Quedé en shock, lo llevé  a la clínica super rápido en la madrugada, pero yo como madre ya sabía que había muerto, mi esposo insistía. Luego de intentar revivirlo nos dieron la noticia de que no tenía ningún tipo de signos vitales, ese día nació Miguel Ignacio en el cielo.


Es un proceso muy duro. Lloré hasta más no poder, me eché la culpa a mi y a veces a mi esposo. El tiene una hija anterior y a ella también le afecto. Fue un año entero de llorar, de no querer hacer nada, de querer acabar con mi vida porque no le veía sentido, no soportaba ver mujeres, familiares o amigas embarazadas o con sus bebés y menos varones. Siempre estaba de mal humor y solo quería salir embarazada de nuevo. Tuve muchas pesadillas hasta que una amiga me dijo que vio en un blog algo de escribir una carta a tu bebé con todo lo que sentías y me llamó la atención, así lo hice un día que me quedé sola en casa y le escribí todo, luego la quemé que era lo que debía hacer y vi la partida de Miguel Ignacio como un viaje en el cual cada vez que yo lloraba era un impedimento para que el llegara a su destino que era con Diosito. Se que allá no está sufriendo.


Otra cosa que me ayudó a que diera otro paso fue una película que vi llamada “La Cabaña” que trata de la relación de un padre con Dios luego de perder a su pequeña hija. Las mamis que no la han visto la recomiendo al 100% ¡me ayudó muchísimo! Bueno así concluye mi historia, hoy en día estoy en la búsqueda de mi bebé arcoiris y no descansaré hasta conseguirlo. Se que desde el cielo mi bebé celestial me ve y me cuida, sobretodo me ama como yo a él. No hay un día que no lo piense ni lo extrañe pero se que tenía que ser así. Aquí iba a sufrir mucho y sería egoísta de mi parte querer tenerlo así. 
Nunca están de mas los consejos en estas situaciones sin importar cuanto tiempo haya pasado. Es un dolor que está intacto con el pasar de los años. Pero con ayuda y amigos que te apoyen y te escuchen se puede seguir adelante. 

La lección que me dejó fue que cambié mi relación con Dios, hablo mucho más con Él y aparte fortaleció mi relación con mi esposo, queremos muchos hijos pero él es mi rey eterno, él es mi palomita pequeñita de amor. ¡Gracias por leerme!



Gracias por compartir con la comunidad de Madres Fénix, es enriquecedor aprender unas de otras, saber que somos muchas las elegidas alrededor del mundo para vivir una maternidad especial que trae consigo grandes regalos y aprendizajes. Permítete descubrir esta visión de amor.

Una caminata celestial

Una caminata celestial

Era una bella tarde de verano cuando María caminaba sin rumbo fijo por el parque de aquella gran ciudad que ansiaba conocer, había esperado tanto ese momento pero algo no le permitía la paz, un dolor que su alma cargaba con pesar desde aquel día en que se despidiera de un pedazo de su corazón. Se sentó en una banca, un bellísimo arbol palo de rosa le daba sombra cuando sintió que alguien se acercaba a ella.

¿Qué estas pensando María? – preguntó con curiosidad una voz que ella no reconocía. Al verla se sorprendió de encontrarse con una hermosa niña de ojos grandes color miel que la miraban tiernamente.

¿Cómo sabes mi nombre? – preguntó María algo confundida intentando hacer memoria de ese pequeño rostro.

Lo adiviné – sonrió la niña mientras se sentaba a su lado acomodando su vestido amarillo con cuidado – ¿quieres probar mi helado? Pareces necesitar uno, ¿qué es eso que no te deja sonreír?

María guardó silencio y clavó su mirada en el piso, sintió sus lágrimas recorrer su rostro apenada de tener un testigo tan joven a su lado. La realidad es que se lamentaba pensando en que no pudo conocer a ese bebé que llevó en su vientre, no como ella hubiera deseado, no por completo, no lo vio crecer como a esa bella niña. Había cargado con el silencio y la pena durante mucho tiempo.

¡Pero si lo conociste María, vaya que si! – respondió tranquilamente la niña mientras saboreaba su delicioso helado – No ha venido a traerte pesar, ni sufrimiento, si no has entendido esto aún no lo conoces realmente. Te empeñas en ver su separación física, pero olvidas que en ese preciso momento ocurrió su fusión, donde empezaron su camino juntos desde y hacia el amor.

María no podía pronunciar palabra, ¿como podría esta pequeña extraña saber lo que pasó con su Matías, su amado bebé? Aquel a quien había llorado y extrañado con cada parte de su ser.

Se bien cómo ocurrió – sonrió la niña mientras tomaba la mano de María – la forma en que nació a Dios fue un momento maravilloso para él, se veía tan feliz y radiante, sin embargo en tu mente es un recuerdo triste y sombrío. Recuerda que la forma como suceden las cosas es solo la forma, no revelan su verdadero significado, hay mucho más detrás de cada experiencia – la niña se levantó y con cuidado limpió las lágrimas en el rostro de María.

-¿Tu eres un ángel? ¿Cómo es que sabes el nombre de mi bebé y todo lo que nos ha pasado? ¡Quisiera creer todo lo que dices!

-Yo acompaño a las almas pequeñas en su llegada a la Tierra y en su regreso al cielo, mi nombre es Ethel – mientras decía esto escogía una flor para María – casi nadie me conoce porque mi trabajo es muy sutil, como una brisa cuando toca tu piel, pero yo amo profundamente a todos los bebés terrestres y celestiales, a todos los conozco por su nombre, a sus madres, a sus familias, sus destinos, sus corazones. Hoy me ves como una niña porque tomé esta forma, así como tu bebé tomó forma humana para que supieras que existe.

-Si es así entonces dime: ¿como esta mi bebé? ¿Esta bien? ¿Sabe cuanto lo amo? ¡¿Es feliz?! – María pronunciaba estas palabras con tono desesperado, con emoción e incredulidad todo entremezclado.

Lo sabe y lo siente María. ¿Crees que para amar necesitas ver, tocar, oler o poder escuchar a alguien? Eso es sensorial, humano. Amar es ir a las profundidades de tu corazón, es sentir, vibrar, conectar, y eso sí que lo has hecho con tu bebé. ¡Dices que no lo conoces pero lo has conocido a la perfección! – dijo Ethel radiante mientras sonreía de una manera angelical – Lo maravilloso es cómo te ama y cuánto agradece que seas su madre, esta orgulloso de ti, es verdaderamente un alma libre y feliz, ¡ese es Matías!

En un repentino salto María abrazó con ternura y fuerza a la pequeña Ethel, agradecida infinitamente por su presencia y palabras. Bajo aquel árbol rosa recibió un milagro, el de saberse siempre amada por su ser celestial, sus lágrimas habían limpiado su alma y sanado su corazón. Ahora sonreía desde un lugar desconocido, desde su amor por él.

-¡Qué gran alegría y bendición ser tu madre! – Pensó María mientras tomaba de la mano de esa pequeña niña para ir a comprar juntas un poco más de helado.

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