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Y Dios creó a las Madres Fénix…

Un relato de amor e inspiración

May, 2020

Una vez creados los cielos y la tierra, la luna y la noche, los animales del bosque y de los océanos, al hombre y a la mujer, Dios se sentó algo cansado en la orilla de un gran lago y se dispuso a admirar la perfección de su creación. De pronto escuchó una pequeña y curiosa voz que provenía de entre unas flores silvestres:

– Dios, te ves meditativo, ¿en qué estas pensando? – dijo tímidamente aquel ser alado que se movía travieso entre las hojas.

Pienso en todas la almas que he creado ángel mío, cada una de ellas es especial para mi, llegarán en diferentes tiempos a la Tierra pero ya existen ahora y para la eternidad – Dios se detuvo un momento y tomó entre sus manos una pequeña pluma blanca que descansaba en el suelo – ahora estoy por crear algo muy especial.

El pequeño querubín voló hasta donde estaba Dios y se sentó a su lado conteniendo las ganas de abrazarlo, fijó su mirada en la pluma y preguntó qué era aquello tan especial que estaba a punto de diseñar el todopoderoso.

Estoy creando el alma más fuerte, aquella que podrá resistir los mas grandes combates con entereza, que elegirá la valentía antes que el miedo, que podrá conocer el amor verdadero, ese que tu y yo conocemos en este lugar – tomó un poco de tierra y la revolvió con agua que tenía destellos de divinidad – esta pluma será parte de su esencia, correrá por su sangre y se mantendrá en ella por todos los tiempos.

El pequeño angel miraba maravillado cómo Dios creaba hábilmente lo que él pensaba era el alma de un gran soldado, tanto valor y coraje eran seguramente virtudes para luchar y ganar batallas.

Estas equivocado ángel mio – dijo Dios riendo ante la cara de sorpresa de su espectador – esta alma es nada menos que la de tu madre.

El ángel abrió sus ojos asombrado, no entendía cómo su madre podría ser como un soldado. Ante su cara de sorpresa, Dios siguió explicando con alegría y serenidad:

Tu madre es un alma con esencia mágica, por eso he vertido una pluma de tu ala en su mezcla divina, es lo que la hace brillar tan intensamente – continuó Dios sintiendo gran júbilo y ternura – esta diseñada especialmente para seres como tu, mis ángeles predilectos, los amo tanto que les he diseñado madres especiales que entiendan y acepten la gran misión que les daré en su paso por la Tierra.

-¿ Y cual es esa misión? – preguntó intrigado el ángel mientras volaba frente al rostro de Dios aleteando rápidamente como un bello colibrí.

-Su misión es que ustedes conozcan el amor verdadero y real que nace de mi por medio de ellas, sentirse amados y aceptados para la eternidad. No es tarea fácil para un ser humano, pero si es posible para su alma porque la he dotado con todo lo necesario: aceptación, fe y una capacidad de amar inmensa sin limites – Dios narraba paciente y amorosamente mientras añadía a su mezcla polvo de estrellas.

-¡Ya quiero estar con ella, con mi mama! Pero…¿por qué tengo que regresar tan rápido aquí? – dijo el querubín con un tono algo triste sin entender del todo.

Acariciando su cabeza con ternura Dios le contestó –Porque tu naturaleza es puramente celestial mi ángel, divina y etérea, tu paso será breve pero intenso, tu huella eterna, regresarás pronto pero habrás cambiado muchas vidas y corazones, habrás llevado mi mensaje. Recuerda que el tiempo es mera ilusión, la existencia por su parte es infinita.

-¿Y cuál es ese mensaje que llevaré? A mi me gusta estar contigo – dijo el ángel suspirando lentamente – pero también quiero estar mas tiempo con mi mama.

Dios sonrió tiernamente y tocó su corazón con la mano – ¿Sientes eso que arde en tu corazón, que te hace sonreír y volar lleno de alegría entre las nubes?

-¡Si, si lo siento! – dijo el pequeño ángel algo confundido con una emoción incontenible.

Ese ardor, ese fuego que arde en ti es el amor de tu madre. Aún no la conoces en su forma humana pero no hace falta porque sus corazones se aman desde siempre y para siempre lo harán. Ella sabe que tu amor por ella arde en su corazón, es un vínculo eterno que los conecta aunque tu estés aquí y ella allá, por ahora.

-¡Siento que la amo! Siempre la he amado, ¡gracias por crearla tan bella y tan amorosa mi bello Dios! – dijo el ángel en medio de su aleteo acelerado por su gran emoción con una sonrisa que parecía arrojar más luz que el mismo sol.

Un gran arcoiris surgió de entre las nubes y mientras Dios y su querubín admiraban el paisaje frente a ellos, en un suspiro Dios le susurró – Es mi gran regalo para ti, mi bebé celestial, es nada menos que un alma Fénix”

Tu instructora:

Patricia Mora
Life Coach Espiritual, Tanatóloga y Escritora

Es un hecho que los padres que tenemos uno o más bebés en el cielo necesitamos apoyo y orientación de calidad. Tenemos derecho a un espacio donde aprender y sentirnos contenidos y apoyados ante un duelo poco reconocido y sumamente doloroso. Después de ver a mis tres bebés trascender es mi misión transmitir mi experiencia, conocimientos y aprendizajes a cada ser humano que desea tomar una dirección de crecimiento, llena de significado y propósito.

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